El Espíritu va recreando en nosotras y en la familia teresiana la espiritualidad que recibimos de San Enrique de Ossó.

 

Los desafíos que nos interpelan y la búsqueda de respuestas apropiadas en cada contexto nos piden vivir con fe viva una espiritualidad encarnada, inculturada, liberadora y comprometida:

encarnada: buscamos a Dios que se revela en la fragilidad y la grandeza de todo lo humano y lo proclamamos con el    compromiso cotidiano de vivir el Evangelio

inculturada: acogemos las diversas culturas de modo que vayan transformando nuestra mentalidad, relaciones interpersonales y estilos de vida, y podamos expresarnos en sus propios signos y lenguajes

liberadora: el seguimiento de Jesús pobre nos pide actitudes de desasimiento y hacernos pobres, ponernos del lado de los excluídos y participar en procesos de liberación, en especial de la mujer

comprometida: anunciamos y defendemos la vida y asumimos opciones y proyectos que promuevan la justicia, la paz y el cambio social.  (Constituciones art. 3)

 

Las Teresianas en Venezuela pertenecemos a la Compañía de Santa Teresa de Jesús, fundada en 1876 por San Enrique de Ossó y Cervelló, un sacerdote Catalán nacido en Vinebre, España.

La Compañía de Santa Teresa de Jesús ha nacido como don de Dios y fruto de la vida de fe y amor de un hombre santo. Enrique de Ossó experimentó la bondad y el amor de Dios. Vivió su identificación con Jesús en un camino propio de encuentro existencial con María y Teresa y se transformó en apóstol del conocimiento y amor de Jesucristo. Así se fue configurando su corazón de sacerdote, padre y maestro.

 

 

En respuesta a las situaciones de su tiempo llevó adelante múltiples iniciativas apostólicas y recibió el carisma de fundador de la Compañía. El Espíritu sigue impulsando la vida de nuestra familia religiosa y su despliegue en el tiempo. La Iglesia hace suyo el carisma de la Compañía y la reconoce como Instituto religioso apostólico de derecho pontificio”. (Const. Art 1).

 


En Teresa de Jesús descubrió además la capacidad de la mujer en la evangelización y transformación de la sociedad.


Enrique de Ossó…”además del sacerdocio supo desarrollar su gran vocación a la enseñanza. No sólo hizo descubrir a otros la sabiduría escondida en Cristo, sino que sintió la necesidad de formar personas “capaces a su vez de enseñar a otros”, según la expresión de san Pablo a Timoteo (2Tm 2, 2). La Compañía de Santa Teresa de Jesús, fundada por él, no tiene otro fin que conocer y amar a Cristo, y así hacer que sea conocido y amado por los demás. El carisma de vuestro Fundador, amadas religiosas, sigue vivo en vosotras. La celebración de hoy es una invitación que el Señor os dirige para que continuéis vuestro fecundo servicio eclesial desde la santidad de vida y empeño apostólico, sobre todo a través de la enseñanza y formación de la juventud.

 

(Homilia de Juan Pablo II en la canonización de Enrique de Ossó.

Madrid, 16 de junio de 1993).

 

 


Vivimos nuestra vocación de formar a Cristo en la mente y en el corazón entregando nuestras fuerzas y nuestra vida toda para extender el conocimiento y amor de Jesús por todo el mundo por la oración y la educación.

 

La misión, que compartimos con quienes participan del carisma teresiano, abarca toda nuestra vida: el trato de amistad con el Señor en la oración, el sacrificio como entrega incondicional a todos y el compromiso de educar según el espíritu de Teresa de Jesús.  

 

            Constituciones capítulo 1

 


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